Prebase y su Importancia.
Así como hay una rutina para limpiar el rostro y poder mejorar su aspecto, también hay una rutina de maquillaje la cual nos ayuda a seguir cuidando nuestro rostro y hace que luzca mejor nuestro maquillaje.
Uno del paso más importante es la prebase
ya que consiste en un paso después de la rutina del rostro antes de
maquillarnos.
En función del primer que elijas conseguirás un efecto u otro, pero lo que todos tienen en común es que sirven para prolongar la duración del maquillaje.
Puedes usarla en el día a día o con looks
naturales (es recomendable para pieles con imperfecciones o arrugas), aunque
ayudará mucho a mantener tu maquillaje en una ocasión especial.
Sin duda la prebase de maquillaje hará
maravillas en tu piel. Esto es lo que conseguirás:
Elimina los poros abiertos.
Rellena arrugas y alisa la piel.
Hidrata la piel.
Ilumina y protege.
Prepara el rostro para el maquillaje.
Matifica el brillo del rostro.
Lo primero a tener en cuenta antes de
utilizar la prebase es tener el rostro limpio e hidratado. Es importante
aplicar la prebase tras haber hidratado la piel con sérum y crema, pero debes
esperar a que el rostro esté seco.
Con unas gotas de primer en el centro del
rostro.
Puedes aplicar el producto sobre los
párpados, labios o rostro.
Extiende con movimientos circulares.
Empieza con poca cantidad y añade según
vayas necesitando, así evitarás el efecto máscara pero sin dejar de cubrir
imperfecciones.
Usa las yemas de los dedos o una pequeña
brocha o pincel.
Puedes aplicarlo en mejillas, hueso de la ceja y pico de los labios, sin usar otro producto, y así obtendrás un resultado muy fresco, pero debes adaptarla a tus necesidades y tu tipo de piel.
Estas son algunas de las prebase que existen según las necesidades de cada rostro.
Iluminadoras. Ideales para cutis apagados,
o para aquellas que quieran resaltar ciertas facciones del rostro y disimular
arrugas. Son ricas en minerales y nácares, que reflejan la luz en la piel.
Matificantes y alisadoras. Unifica,
perfecciona, alisa y controla los brillos del rostro, reducen los poros y
facilita la duración del maquillaje.
Correctoras. Este tipo de primer nos ayuda
a corregir el subtono de nuestra piel, para conseguir un tono más homogéneo.
Las podemos encontrar en tono verde (para rojeces), amarillo (efecto ‘buena
cara’) y violetas (pieles amarillentas).
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| Fuente: Revista Clara |
Piel grasa y con imperfecciones. Sin duda,
este tipo de piel necesita una prebase matificante, que controlará los brillos
y afinará los poros. La textura suele ser espesa, ya que oculta con mayor
facilidad las cicatrices.
Pieles secas. En este caso no puede
faltarte una prebase iluminadora, que te aportará luz e hidratará el rostro.
Pieles maduras. Una prebase hidratante y
con algo de protección solar es ideal. Las texturas en gel suelen reinar en
este tipo de prebases.
Pieles mixtas. Puedes usar una prebase
matificante en la ‘zona T’ y una iluminadora en las partes más secas.
Pieles normales. Lo más importante es
conseguir una prebase que prolongue la duración del maquillaje, al no tener que
preocuparnos de problemas externos.
Pieles sensibles. Debes evitar prebases que
contengan fragancias, que puedan provocar reacciones en la piel. Puedes optar
por una prebase verde que neutralice esas rojeces.
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| Fuente: Actitud fem |
El conocer tu rostro beneficia a saber que productos cubren con las necesidades de tu piel y te permitirán lucir un rostro saludable y un maquillaje fabuloso.





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